Señorita:
¡Bendito sea Dios por las caricias con que su divina Majestad la honra! Hay que recibirlas con respeto y devoción, pensando en alguna cruz que le está preparando. Su bondad suele preparar a las almas que ama de esta forma, cuando desea crucificarlas. ¡Qué dicha tener una providencia tan paternal de Dios sobre sí! ¡Cómo debe esto aumentar su fe, su confianza en Dios y obligarla a amarle cada vez más! Hágalo así, señorita. La acción que tiene que realizar usted hoy le dirá mucho de esto. Yo participaré de su consuelo, como me propongo también hacerlo de su cruz, en el santo sacrificio que espero ofrecerle hoy, entre ocho y nueve.
Buenos días, señorita. S. s.
V. D.







