Padre:
Mi corazón, lleno todavía de gozo por la inteligencia que me parece que Dios le ha dado de esas palabras Dios es mi Dios, y del sentimiento que he tenido de la gloria que todos los bienaventurados le dan, movidos por esta verdad, no puedo menos de escribirle esta tarde para suplicarle que me ayude a emplear debidamente estos excesos de gozo y enseñarme alguna práctica para mañana, día del santo que me ha dado su nombre y aniversario de la renovación de mis votos, pues me gustaría por estos dos motivos escuchar su santa misa, si quiere su caridad decirme la hora, como se lo suplico humildemente, con la esperanza de que usted podrá advertir que estoy totalmente en sus manos, para que me ponga en las de Dios, cuyo amor y cuya misericordia me ha hecho su muy humilde y obligada hija y servidora,
L. DE MARILLAC
Tarde del día de san Bartolomé.







