Padre:
Si le parece bien, creo que será conveniente que no regrese hasta dejar aquí a una maestra de escuela para enseñar a coser y a leer a los niños, si no hay nada que requiera mi vuelta a casa; por eso, padre, tengo que suplicarse por amor de Dios que haga el favor de visitar a nuestras cinco hermanas que he dejado en retiro, sin haberlas atendido mucho, a las que les hice esperar que regresaría esta tarde o mañana por la mañana. Hay una de Saint-Germain-en-Laye, otra de Nanteuil, otra de la aldea de Issy y otra que creo que habrá que devolver a Saint-Denis, pues no creo que valga para nosotras. Las demás tienen mucha prisa por volver a sus sitios y convendría que regresaran el sábado próximo, a más tardar. La quinta es la que he destinado para maestra de nuestros niños.
He creído, padre, que hay mucha necesidad de que nos dé usted pronto un eclesiástico, por dos razones: una, para instruir a los niños; y la otra, porque me parece que el primero que quiera hacerse cargo, se quedará.
Esta mañana se nos ha muerto un niño. Me tomé la libertad de decirle al sacerdote que vendrá a enterrarle que, si no le viene bien venir a enterrarlo esta tarde, que nos haga el favor de venir mañana a decir la misa por el mismo.
Si cree usted necesario que vayan las hermanas a su casa para hablar con usted, en vez de no hablarlas, le ruego humildemente que se tome la molestia de comunicarlo. De todos modos, sería un gran consuelo para toda la familia si fuera usted a su casa.
Si le parece bien que las hermanas vayan a hablar con el señor procurador general, para recordarle las necesidades que usted le indicó, me parece que debería hacerlo sor Genoveva; las otras no lo harían tan bien Sería necesario indicarle que es preciso hacer provisión total de leña
Las damas no han pensado en preparar un lugar para la escuela Hemos visto uno que estaría muy indicado, en la parte de abajo, para los niños, que hay que separar de las niñas; sólo habría que hacer una puerta y cerrar las ventanas. La de niñas podría tenerse arriba. Me gustaría tener uno de esos tableros alfabéticos; los pondremos en la pared; es el método que siguen las ursulinas en cierto lugar. No lo digo por la escritura, pues no creo que sea oportuno que las niñas aprendan a escribir.
La verdad es, mi veneradísimo padre, que hay motivos para esperar mucho bien de esta obra, si quiere nuestro buen Dios seguir bendiciéndola. Por su santo amor le pido también a usted que me bendiga, para que se cumpla en mí su santa voluntad. Soy su muy obediente y obligada hija y servidora,
L DE MARILLAC
Me olvidé de pedirle permiso para guardar abstinencia mañana, viernes, y ayunar, pues creo que lo puedo hacer. Así lo haré, si su caridad no me lo prohíbe.
Dirección: Al padre Vicente.







