Toulouse, 20 agosto 1647.
Padre.
Recibí la que se tomó usted la molestia de escribirme el 4 del corriente. Nada tengo que decir sobre los comisarios que ha nombrado usted para el asunto de mis religiosos.
Desde que el señor abad de Estrades fue nombrado obispo de Périgueux, no he dejado de exhortarle, rogarle y urgirle para que pusiese toda la diligencia posible en obtener pronto las bulas y marchar a su diócesis. Al fin, viendo por sus cartas que se dejaba llevar por las ideas de su hermano, que eran de obtenerlas gratis y no urgir su expedición hasta que pudiera obtenerlas por este camino, le escribí hace unos dos meses rogándole que le propusiese a su hermano esta verdad indudable que, desde que pidió gratis las bulas, se han condenado muchas almas de esa diócesis que no se habrían condenado si hubiera estado allí, y que hasta que las obtenga se seguirán condenando muchas que no se condenarían si él estuviera en su diócesis; que no creía que él quisiera responder de esas almas ante Dios; que aunque respondiera de ellas su hermano, él no estaría libre delante de Dios; que le escribía todo aquello con un gran sentimiento, etcétera. Unas cinco semanas más tarde, me escribió que estaba decidido a proveer por la diócesis de Périgueux de una forma o de otra y que estaba en tratos con monseñor de Condom para alcanzar su dimisión. Pocos días más tarde, me escribió que había concluido dicho tratado, que entregaría su abadía al sobrino de monseñor de Condom, y que él le entregaría la dimisión de su obispado, reservándose doce mil libras de pensión; y me rogaba que le escribiera a usted para que usted hiciera aceptar esa dimisión; así lo hago siguiendo sus deseos, aunque creo que no necesito hacerlo, va que conozco el afecto con que usted desea que esa desolada diócesis de Périgueux se vea gobernada cuanto antes por una persona que tenga las cualidades requeridas para ello. Hay miedo de que aspire a ella el señor sobrino de monseñor de Condom; por eso me han dicho que se lo avise, para que en ese caso se oponga usted a ello todo cuanto pueda. Es aquel que trató con el señor obispo de Agde para el obispado de Bayona, que usted consideró indigno por una acción que llevó a cabo al salir de los ejercicios en casa de ustedes, y que era indigna de su profesión.
Le han dicho al señor obispo de Valence que usted había trabajado por él en el Consejo de conciencia, por lo que se siente muy agradecido. Le ruega a usted, y yo con él, que siga protegiéndolo en el Consejo ante Su Eminencia, para que le facilite los medios de realizar libremente sus funciones en su diócesis. Es muy fácil encontrar buenos gobernadores para las ciudades, pero es muy difícil encontrar buenos obispos, celosos de la salvación de las almas como él. Y como aquel gobernador no deja de cometer violencias contra él y contra sus encargados, es justo y más razonable que le den cualquier otro empleo a aquel gobernador, en vez de obligar al señor obispo de Valence a abandonar su diócesis.
Hace dos meses que estoy aquí tras este asunto del que le hablé en contra del señor conde de Rastignac, sin que se haya dado aún la sentencia; es posible que no llegue a darla este parlamento, por culpa de todas esas triquiñuelas de la justicia. De todos modos, dentro de pocos días me retiraré a mi diócesis Entretanto soy, padre, su, etcétera.
ALANO DE SOLMINIHAC
Obispo de Cahors







