Vicente de Paúl, Carta 1020: Luisa De Marillac A San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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[Bicêtre, agosto 1647]

Padre:

Ayer tuve que excusarme ante el señor Le Roy de no haber hablado con usted de su parte; pero creo que he de decirle todo lo que él me dijo y lo que le contesté; me resultará algo difícil. Pero lo principal es que él afirma que es el director y administrador del asilo de niños y, como tal, pretende ir a tener la instrucción cuando bien le parezca, poner allí un sacerdote y encargarse de toda la dirección espiritual; que le gustaría que encontrásemos un sacerdote y se lo presentásemos [para] su aprobación; y que se siente más celoso de esto que de un obsequio o de un cardenalato; y que si se lo negara, iría a presentar sus quejas al señor procurador general y le presentaría la dimisión d e la administración que le habían concedido.

Yo me manifesté extrañada de que no hubiera hablado antes de ello, diciéndole que estas damas siempre habían tenido hasta ahora el mismo cuidado de lo espiritual que de lo temporal, como se ve por los bautismos, confesiones pascuales e instrucciones de primera comunión, por la misa que hacen decir tanto para los niños como para las nodrizas, y que yo creía que los señores del cabildo se habían descargado por completo de toda la dirección de esta obra, encargándosela a las damas, a no ser de las 1.200 libras de que tenían que dar cuenta; y que, en más de cincuenta años de administración del cabildo, sólo se habían pedido cuentas de dicha suma; que, sin embargo, yo hablaba sin que me hubieran dicho nada de esto las damas, a las que veía muy poco, y que lo que le decía era solamente de sentido común. El se quejó de que no le hubiéramos dicho lo de Bicêtre. Yo le indiqué que las damas probablemente ni creyeron siquiera que tenían que hacerlo, y que además había sido todo muy precipitado. Me dijo un montón de cosas, y yo a él, que no le puedo contar; no dejó de echarme en cara la respuesta de sor Genoveva a esos señores a propósito de su petición, y yo le di a entender por qué había respondido así.

Si alguna buena persona pudiera obtener de la reina esta plaza para una fundación de la Misión, se impedirían muchos contratiempos y se haría un gran bien.

Me olvidaba de decirle que, ante mi negativa a hablar con usted, el señor Le Roy se decidió a ir a ver a dichas damas y les habló duramente.

Si quiere usted tomarse la molestia de leer la carta de la señorita de Romilly, se la enviaré, si le parece bien.

Haga el favor de darme su bendición y créame, padre, su muy obediente servidora y muy obligada hija,

L. DE MARILLAC

Pensando en la gran necesidad que tenemos, le dije que creía que las damas se verían obligadas a dejar pronto toda la obra en manos de quien pudiera llevarla. Nos separamos amigablemente, pues le hablé de una forma bastante neutra.

Creo que sería necesario pensar en el vino cuanto antes.

Dirección: Al padre Vicente.

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