[Túnez, entre 1645 y mayo de 1648]
Tenemos aquí a un muchacho de Marsella, de trece años que, después de haber sido cogido y vendido por los corsarios, ha recibido más de mil bastonazos por la fe de Jesucristo, de quien querían hacerle renegar a la fuerza. Con este mismo fin le machacaron el brazo, lo mismo que hacen con la carne para asarla en las brasas; luego, habiéndole condenado a cuatrocientos bastonazos, o sea, a morir o hacerse turco, fui a hablar con su dueño; me puse tres o cuatro veces de rodillas ante él, con las manos juntas, para interceder por él. Me lo entregó por doscientas piastras, pero como no las tenía, pedí cien escudos prestados a interés y un mercader me dio lo que faltaba.







