26 junio [1647]
Padre:
Nuestras pobres hermanas salieron esta mañana con mucha pena por no haber podido recibir su bendición, pero totalmente sometidas a la voluntad de la divina Providencia. ¡Quiera Dios que pueda usted volver pronto y con perfecta salud!
Toda nuestra pobre Compañía está muy apenada, extrañada y temerosa por la pérdida de nuestra hermana. Rumorean por debajo, pues nadie se atreve a hablar de ello; espero el regreso de su caridad para hacerlas ver cómo tienen que considerar este asunto.
Me parece, padre, que empiezo a tener más fuerzas; ¡ojalá que no me venga nada malo! Pero siento una extraña preocupación por mí y parece como si sólo me ocupase de regalarme; no sucede lo mismo en lo que se refiere a los intereses de mi alma, pues, gracias a Dios, estoy un poco más tranquila que cuando tuve el honor de escribirle para hacerle ver a su caridad el estado de aquélla que no tiene más consuelo que la dicha de ser su muy obediente y muy obligada hija y servidora,
L. DE MARILLAC
Me parece que habrá algo que decir sobre la libertad de las hermanas de Serqueux.
Dirección: Al padre Vicente, superior general de los sacerdotes de la Misión.







