Vicente de Paúl, Carta 0992: Julian Guerin, Sacerdote De La Misión, A San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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Túnez, 1647

El día de Pascua me comunicaron que había llegado a Bizerta una galera de Argel y salí inmediatamente a visitar a los pobres cristianos que estaban encadenados. Encontré unos trescientos y el capitán me dejó tener con ellos una corta misión de diez días. Había tomado conmigo a un sacerdote, que me ayudó a catequizar y a confesar a aquellas pobres gentes, que cumplieron todos con su obligación, a no ser algunos griegos cismáticos. Dios mío, qué consuelo ver la devoción de aquellos pobres cautivos, de los que la mayoría no habían podido confesarse durante mucho tiempo! Había algunos que no se habían acercado a este sacramento desde hacía ocho o diez años, y otros hasta veinte. Todos los días hacía que les quitasen las cadenas y los sacasen de la galera para venir a tierra a recibir la santa comunión en una casa particular, en donde celebraba la santa misa; después de acabar la misión, les obsequié y les di unos cincuenta y tres escudos de víveres.

Yo estaba alojado en casa de un turco, que me alimentó todo el tiempo que duró la misión; pero no quiso tomar ningún dinero de mí, diciendo que había que ser caritativos con los que tienen caridad con los demás; lo cual es una acción muy digna de apreciar en la persona de un infiel. Y todavía le extrañará más a usted saber que casi todos los turcos de aquel lugar se vieron tan impresionados y edificados de esta misión, que varios de ellos vinieron a besarme el rostro y las manos; estoy seguro de que su querido corazón se llenará de gozo al saber esto. Mas si el fruto de aquella corta misión de Bizerta me fue tan sabroso, el camino para llegar a él me resultó muy duro y espinoso, pues como no quise tomar jenízaros para que me escoltasen, me encontré con unos árabes que me molieron a golpes; uno de ellos me cogió por la garganta y me apretó tan fuerte que temí me fuera a estrangular; y ya me tenía por muerto, pero como no soy más que un miserable pecador, Nuestro Señor no me juzgó digno de morir en su servicio.

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