Día de pascua [21 abril 1647]
Padre:
He creído necesario que viera usted esta carta del señor de Annemont antes de que las hermanas partan para Nantes. Dos cosas creo que debe usted indicarme. si será necesario comunicar que pensamos cambiar a la hermana Catalina a los señores de Jonchères y de Anemont, e incluso a la señorita de la Carisière; o bien, si las cosas quedan en calma, si sería más oportuno enviar a la hermana Isabel, que sigue enferma, como verá usted; o bien, si convendrá dejar que arregle este cambio la hermana Juana según lo que usted le indique. Otra cosa que creo necesaria y de mucha utilidad es que su caridad haga el favor de escribir una carta a todas nuestras hermanas, si lo cree conveniente, para mostrarles que está un poco descontento y para animarlas más.
La verdad es, mi venerado padre, que esta pobre Compañía sufre mucho bajo mi mal gobierno; por eso creo que pronto la librará Dios de esta desgracia, que es un obstáculo tan grande para la perfección le su obra. Tengo muchos motivos pasa tener miedo de morir en mi obstinación, si no me ayuda su caridad.
¿No podremos tener estas fiestas la dicha de tener una conferencia para acabar la instrucción sobre los deberes de las hermanas sometidas a las hermanas sirvientes y sobre la conducta y paciencia de las hermanas sirvientes con las que están sometidas a ellas? Me parece que, si se entiende y se cumple bien esto, se acabaría con todos los pequeños desórdenes de la Compañía, lo mismo que si tuviéramos nuestros pequeños reglamentos para leerlos de vez en cuando a la Compañía.
Me ha encargado una señora que me informase si sería posible encontrar cincuenta arpentas de tierra que vender entre la casa donde residen los niños expósitos y La Chapelle, y le he propuesto la casa de ustedes por la parte de los recoletos, creyendo que podría encontrarse cerca de las tierras que ella desea, incluyendo la casa. Le suplica muy humildemente que, si cree usted la cosa factible, haga el favor de decírmelo por medio del hermano Ducournau, ya que esta señora tiene que enviar, después de estas fiestas, a un hombre para visitar el lugar.
¿Querrá su caridad acordarse de la señora condesa de Maure para mi hijo, dado que el otro asunto se presenta feo? Me parece que usted no hace otra cosa más que oír hablar de este asunto. ¡Dios mío! ¡Cuánto me hace sufrir mi orgullo en todo esto y qué tranquila me quedaría si me librara de ello! No lo ha permitido la santa voluntad de Dios. Sea bendito para siempre por todo, sobre todo porque me concede el honor de ser su muy obediente hija y obligada servidora,
LUISA DE MARILLAC
Dirección: Al padre Vicente.







