Monseñor:
Como Dios me ha dado para con usted una total y perpetua obediencia, me siento obligado a renovarle de vez en cuando mis ofrecimientos. Así lo hice hace unos días cuando, en respuesta a la suya, le aseguraba que intercedería de buena gana para obtener de la reina una orden para la reforma de San Cesáreo. Y vuelvo a hacerlo en esta ocasión, monseñor, con toda la reverencia debida, suplicándole que los acepte, ya que con ellos acompaño la carta que Su Majestad le escribe a propósito de dicha reforma. Necesariamente tendrá que estar bien, ya que es del estilo del señor de Verthamon.
En nombre de Dios, monseñor, use en todas las ocasiones del poder que tiene sobre mí, que soy en su sagrado amor, su…







