Vicente de Paúl, Carta 0972: A Claudio Dufour

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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31 marzo 1647

Doy gracias a Dios, padre, por todas las bendiciones que le concede en sus trabajos de las misiones y de los ordenandos, y le ruego también que bendiga el seminario que usted está comenzando, y que no permita que la tentación que usted siente contra la vocación llegue a turbar la paz de su alma. Sé muy bien que la orden de los cartujos es más perfecta en sí misma; pero no creo que Dios le llame allá, después de haberlo llamado aquí y después de que usted haya respondido y seguido el movimiento de esa llamada, ya que su bondad le ha bendecido aquí con una bendición muy especial y tan grande que, si usted la considera, le afianzará invariablemente en nuestra congregación, sobre todo si se pone usted en la situación en que le gustaría encontrarse en el juicio de Dios. Ponga en una balanza los bienes de la soledad en una parte y los que Nuestro Señor hace y seguirá haciendo cada vez más por usted en otra; ya verá cómo éstos pesan más. Considere también cómo su vida es ahora conforme con la que llevó Nuestro Señor en la tierra, que es ésta su vocación y que la mayor necesidad que hoy tiene la Iglesia es la de obreros que trabajen por apartar a la mayoría de sus hijos de la ignorancia y de los vicios en que están, y que le den buenos sacerdotes y buenos pastores, que es lo que el hijo de Dios vino a hacer a este mundo, y ya verá cómo se siente muy feliz de haberse dedicado como él y por él a esta obra tan santa.

Ya sabe usted, padre, que aunque la vida contemplativa es más perfecta que la activa, no lo es más que aquella que comprende a la vez la contemplación y la acción, como es la suya, gracias a Dios. Pero aunque así no fuera, la verdad es que Dios no llama a todo el mundo a las cosas más perfectas. No todos los miembros del cuerpo son cabeza, ni todos los ángeles pertenecen a la primera jerarquía; los de las jerarquías inferiores no querrían ser de las superiores, sino que están contentos donde Dios los ha puesto; y los bienaventurados que tienen menos gloria no sienten envidia de los que tienen más. También nosotros hemos de contentarnos con el estado en que estamos por disposición de la Providencia y en el que Dios nos bendice. Ciertamente, el hijo de una pobre mujer deja a todas las demás madres para agarrarse al pecho de la suya.

Si dice usted que tiene mucho trabajo en la Misión, ¡ay, padre! no hay ninguna condición en el mundo en la que no haya nada que sufrir. ¿Quién no siente dificultades y contradicciones en la mayor parte de las cosas de su estado y no cree que sería más feliz en otra ocupación distinta de la suya? Esté seguro, padre, que se trata en este caso de una artimaña del diablo. para apartarle del bien que hace usted por la Iglesia. Su astucia consiste en tentar a los hombres de bien con una mayor perfección, para hacerles dejar aquella en la que Dios los quiere. Así pues, quédese tranquilamente en su estado et ambula vocatione qua vocatus es et noli flectere ad dexteram neque ad sinistram y esté seguro de que su vocación logrará su justificación y finalmente su glorificación. Dígame si hay que hacer algo para ayudarle más dentro de casa; si alguno de los nuestros estorba su descanso, le enviaremos a otro en su lugar. Le ruego que haga una hora de oración sobre lo que le he dicho y que me diga los sentimientos que Dios le inspire; no se olvide de rezar por mí, para que Dios se digne tener misericordia de mi pobre alma.

Soy en el amor…

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