8 marzo 1647.
Me han llegado al mismo tiempo tres cartas suyas; las he recibido, como todas las suyas, con alegría y consuelo, y con mucho agradecimiento a Dios por conservarle en medio de tantos trabajos y por bendecir sus esfuerzos, a pesar de los impedimentos que el espíritu maligno se esfuerza en poner. Ya ve usted cómo se lo agradezco todo esto a su infinita bondad y cómo, al ofrecerle los frutos que él realiza por medio de usted, le presento también los deseos y los afectos de su caritativo corazón y su propio corazón por entero, para que lo anegue de las suavidades de su amor; pues, lleno de cariño hacia su persona y de temor de que sucumba a sus penosos trabajos, también me veo obligado a pedir continuamente sobre usted la ayuda divina, aunque mis pecados me hagan temer la ineficacia de mis oraciones.







