Vicente de Paúl, Carta 0961: A Juan Martin

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CREDITS
Author: Vicente de Paúl .
Estimated Reading Time:

París, último de febrero 1647.

Padre:

La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Recibí carta suya esta semana, pero no del padre Blatiron que, como está ausente y en medio de grandes ocupaciones, no puede dar abasto a todo. Admiro ciertamente la atención que tiene conmigo, a pesar del ajetreo de la casa y del seminario, no dejando de darme este consuelo, que ha sido esta vez extraordinario, al hablarme de las bendiciones que quiere seguir concediendo Dios tanto sobre los trabajos del padre Blatiron como sobre los suyos, de forma que todo lo que se realiza en él y por él parece un pequeño milagro, y las gracias especiales con que bendice ese mismo Señor su dirección, llenando su corazón de una confianza perfecta en su ayuda, parecen ser el medio de los medios para llevar a cabo su obra con toda felicidad. Ha encontrado usted el secreto; todo el que no obre con ese espíritu, por más capacidad que tenga, jamás logrará nada consigo mismo ni con los demás. Así pues, padre, seamos firmes en esa querida confianza en Dios, que es la fuerza de los débiles y el ojo de los ciegos. Y aunque las cosas no vayan según nuestros deseos y nuestras intenciones, no dudemos de que la Providencia las conducirá adonde es preciso para nuestro bien.

Que las razones que le den no le extrañen lo más mínimo. Ese buen eclesiástico que ha sido el primero en trabajar en las misiones y que le ha hablado del poco gusto que siente ahora en ello, no mida a los demás por lo que le pasa a él, ni crea que se dedican a este santo ejercicio solamente por complacer al señor cardenal. Aunque así fuera, Dios no dejaría de sacar gloria de esas intenciones torcidas y se salvarán muchas almas. Y si ellos llegan a faltar, como sucederá si no miran a Dios, el señor cardenal reconocerá entonces que, para establecer unas bases sólidas, necesita personas que se entreguen a Nuestro Señor para esas tareas, y no ya eclesiásticos del país, que tienen otras pretensiones.

¡Quiera su bondad infinita darnos la gracia de que todas nuestras intenciones tiendan al progreso de su gloria y a nuestro propio anonadamiento!

Soy en su amor su muy humilde servidor,

VICENTE DEPAUL,

Indigno sacerdote de la Misión.

Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión, en Génova

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *