París, 1 febrero 1647.
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Me proporciona usted un consuelo especial con sus cartas, con el efecto que en mí producen, pues no leo jamás ninguna de ellas sin sentirme agradecido a Dios y lleno de cariño para con usted, al ver los sentimientos que él le da de humildad y confianza, que hacen brotar esa santa generosidad con que usted lleva el peso de todo el seminario. ¡Quiera Dios robustecerle cada vez más y darle la plenitud de su espíritu para animar a ese pequeño cuerpo y modelarlo según las máximas de Jesucristo! Siempre que pienso en usted, le pongo en sus manos, agradeciéndole todo lo que ha hecho por usted. Si no viera en usted una asistencia especial de Dios, creería soñar cuando pienso en un joven como usted, que gobierna tan acertadamente el interior y el exterior de otros muchos. Ruego expresamente a Nuestro Señor que ejecute sus designios en usted y por medio de usted, y que me conceda la misericordia que le pedirán para mí sus oraciones.
Soy en su amor su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL,
i. s. d. l. M.
Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión, en Génova.







