París, 11 enero 1647.
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí su querida carta con un afecto muy sincero y cariñoso por su querida alma, que cada vez me parece más bendecida y escogida por la mano de Dios para procurar su gloria en las almas que usted gobierna, y mediante ellas en una infinidad de otras que le alabarán en el tiempo y en la eternidad. Trabajemos, pues, con valor y con interés por ese buen Maestro que es el nuestro; imitémosle en sus virtudes, sobre todo en su humillación, en su mansedumbre y en su paciencia; y va verá cómo entonces progresa su gobierno.
Le hablo ciertamente con compasión por los muchos trabajos que usted tiene, pero me consuelo con la confianza que tengo en que Dios duplica las fuerzas y conserva su corazón en paz. Es la gracia que le pido, esperando que llegue el socorro que le enviarán de Roma. Ya hace 15 días que le pedí al padre Dehorgny que le enviara a alguien cuanto antes; en el próximo correo le enviaré las reglas de nuestro seminario de Bons-Enfants. Hace bastante tiempo que le encomendé a uno este encargo; perdone su negligencia y la mía.
El padre Portail irá pronto a visitarles. Está ya en Marsella, esperando la ocasión oportuna para marchar. El padre Alméras irá a Roma con él.
Los encomiendo a sus oraciones, y a mí con ellos. Y soy con todo mi corazón, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL,
Indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión, en Génova.







