París, 19 diciembre 1646
Padre:
La gracia [de Nuestro Señor] sea [siempre con nosotros.
Ya hace] muchos [días que] recibí su re[spuesta], pero todavía me dura el consuelo que me [proporcionó, al ver los sentimientos] que usted tiene de sí mismo y que son tan necesarios para la [ocupación] que Dios le ha dado, en ausencia del padre Gautier. [Agradezco] a su divina bondad las luces que le da y le suplico que cumpla en usted sus designios eternos. Pero sabe usted, padre, que esta desconfianza en las propias fuerzas tiene que ser el fundamento de la confianza que hay que tener en Dios sin la cual resultaríamos peores de lo que creíamos ser; con ella haremos mucho o, mejor dicho, Dios hará por sí mismo lo que pretende de nosotros. Por tanto, no se fije usted en lo que es, sino vea a Nuestro Señor a su lado y dentro de usted, dispuesto a echar su mano en cuanto usted recurra a él, y ya verá cómo todo va bien. ¿Cree usted que, si ha sido su providencia la que le ha puesto en ese cargo, no le dará también las gracias convenientes para desempeñarlo bien, si lo acepta usted animosamente por su amor? No dude de ello, padre, ni tampoco del sincero afecto que siento por usted, y que no soy capaz de expresarle. Dios se lo dé a conocer y le llene cada vez más de su espíritu para derramarlo luego por medio de usted entre las almas que usted dirige y para la mayor santificación de la suya.
Abrazo en espíritu a toda la familia y soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL,
Indigno sacerdote de la Misión







