Vicente de Paúl, Carta 0920: A Un Sacerdote De La Misión

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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París, octubre 1646,

Padre:

La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Puede usted imaginarse la aflicción que me han traído sus cartas, dado el afecto que siempre le he tenido y que conservaré toda la vida. Todas las razones que usted me alega están basadas en su indisposición y en la esperanza que usted tiene de restablecerse con los aires de su país natal, en cuyo caso promete usted volver para cumplir con las promesas que le ha hecho a Dios. Permítame que le diga, padre, que no hemos de tener tanto interés en vivir mucho tiempo como en caminar en la vocación a la que Nuestro Señor nos ha llamado, según el consejo del Apóstol, y en cumplir con lo que le hemos prometido a Dios. Vovete et reddite Deo vestro. Además, ¿cree usted que los aires patrios alargarán la vida más allá de lo que Dios ha dispuesto? ¡Dios mío! ¡Qué bien le vendría a nuestra piedad un poco de aquel entusiasmo de los que van a buscar la enfermedad y a hacerse matar por las armas por vanidad! Tres personas de la Compañía se forjaron la esperanza de que se pondrían mejor en su país; la primera de ellas apresuró su muerte y murió tres días después de su regreso. Fue el padre Perdu. El padre Senaux pasó cuatro meses en casa de sus padres, donde no mejoró. Y el padre Dubuc, que está ahora con los suyos, me dice que se encuentra mal de espíritu y de cuerpo. Quizás no sea así con usted. Sea lo que fuere, como le digo, no creo que haya razón para dispensarle ni que sea seguro su restablecimiento. Tiene usted que desconfiar de ello tanto más cuanto el fondo de su resolución está en que habiendo confiado en la superioridad la cosa se ha vuelto al revés, vuestro espíritu ha deseado salir primeramente del lugar a donde nosotros le habíamos enviado, y después salir de la Congregación; éste es el fondo del asunto, aunque la naturaleza lo disimule y le haga ver las cosas de otro modo. Si hubiese usted manifestado esos repliegues a las personas a quienes ha pedido consejo, seguramente le habrían aconsejado que se quedara, sobre todo si les hubiese dicho cómo cuidamos aquí gracias a Dios, a las personas enfermas, no sólo respecto al alimento y las medicinas, sino también cambiándolas de lugar y de ocupación; según esto, le escribí al señor obispo de Cahors el día antes de recibir su carta que le enviábamos a usted a tomar la dirección de su seminario, Así pues, piénselo mejor, por favor, teniendo en cuenta la promesa que ha hecho a Dios de vivir y morir en la Compañía y el juicio adorable que él hará de su alma en la hora de la muerte. Tiene usted dos ejemplos notables en la misma Compañía de dos personas que, habiendo cedido a la tentación de salir, pronto se repusieron y volvieron a entrar uno de los cuales ha ido a hacer una fundación en su país el séptimo o el octavo, y otro trabaja con bendición, gozando de la misma confianza con que antes lo tratábamos. Como conozco la bondad de su querido corazón, le pido a Dios que le santifique cada vez más. Y soy en su amor…

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