Vicente de Paúl, Carta 0891: A Juan Barreau

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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París, 6 septiembre 1646.

Señor:

Sólo Dios podría hacerle comprender el consuelo que hemos recibido al tener noticias de su feliz viaje y del comienzo y progreso de su llegada. Le doy gracias a la bondad infinita de Jesucristo por los favores que le ha concedido y le ruego que santifique cada vez más [y más] a su querida alma, para que obre usted santamente en todas las cosas.

Son éstos los consejos que creo que debo darle. Me parece que ha sido usted un poco precipitado al prometer el dinero por el derecho al correo: 1.° porque podría suceder que no encontrase usted dinero para ello en el tiempo fijado; 2.° porque podría ser que, al pedir allí dinero prestado a los mercaderes para devolvérselo en Marsella no estuviese el dinero dispuesto al llegar ellos a Marsella; lo cual cedería en menoscabo de su persona y de su ministerio. Las cosas han salido bien a pesar de todo, ya que la Providencia ha hecho que obtengan crédito los trinitarios reformados para que puedan proporcionar doce mil libras dentro de diez o doce días en Marsella a la persona a quien le dé usted poderes para recogerlas.

El segundo consejo es que no escriba ni hable nunca de las conversiones de allí y, más todavía, que no insista en las que vayan contra la ley del país. Hay motivos para temer que alguno finja la conversión para suscitar algún tumulto. Acuérdese de lo que le dije que hacían los jesuitas en Pera l en semejantes condiciones. Convendrá que tengamos un lenguaje cifrado; si no usa usted ninguno, yo podría enviárselo desde aquí.

El alma de sus esfuerzos tiene que ser la intención de la pura gloria de Dios; el estado continuo de humillación interior, al no poder ocuparse mucho en las cosas exteriores; la sumisión interna del juicio y de la voluntad a aquel que le hemos dado por consejero; y en cuanto pueda hacerlo, no decidir nada sin consultarle, a no ser que se vea usted obligado a responder inmediatamente. Jesucristo era el soberano señor [de María] y de san José, pero no hacía nada sin su consejo. Este misterio es el que deberá usted honrar de manera especial, para que plazca a su infinita bondad guiarle, en el estado en que se encuentra.

Ya le escribí que había visto a su buena tía, de la que quedé muy edificado. Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor,

VICENTE DEPAUL,

Indigno sacerdote de la Misión.

Estoy tratando de que le envíen a alguien para que le sirva de secretario. Se lo hemos dicho a los padres mercedarios; pero el desorden es tan grande entre ellos, según me han dicho, que no creo que se pueda hacer nada con ellos. El rey ha encargado al señor de Morangis que estudie la cosa. Ya se ha empezado… Procuraremos hacer lo que podamos. Le doy gracias a Dios de que haya retirado a ese padre en su casa.

Dirección: Al señor Barreau, cónsul de Argel, en Argel. Barrio de Constantinopla.

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