Vicente de Paúl, Carta 0870: Luisa De Marillac A San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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Padre:

Recibí ayer una carta que en cierto modo me pareció ser de su caridad; pero como no vi en ella ninguna señal de su escritura, me preocupé mucho con el temor de que estuviera usted enfermo; algo me ha consolado lo que el buen hermano Ducournau ha hecho el favor de indicarme. En nombre de Dios, padre, ya sabe usted la necesidad que tiene de dedicar algo de tiempo a su salud y de procurar sentirse bien para el servicio de Dios.

Me extraña mucho que no haya recibido usted la carta que le escribí desde Orleans, donde no nos detuvimos más que el sábado por la mañana, para proseguir el camino lo antes posible, mientras Dios me daba fuerzas para ello. Mi venerado padre, si conociera usted toda la ayuda que de él he recibido, le expresaría toda su gratitud para suplir mis infidelidades e ingratitudes. Así se lo suplico que lo haga, por el santo amor de Dios.

No sé lo que pasará con esta fundación, de la que no he visto por ahora más espinas que algunas murmuraciones del pueblo, y tantos aplausos por parte de todos que me parece increíble. No nos hemos detenido en Angers más que tres días; allí tuve de nuevo el honor de escribirle; estuvimos luego cuatro o cinco horas en Tours, y si no llegamos a Nantes hasta el día 8 de agosto, fue por culpa del agua, que estaba extraordinariamente baja. Y aunque hicimos todo lo que pudimos para que nadie supiera el día de nuestra llegada, la buena señorita La Carisière ya había dado las órdenes oportunas para que vinieran a buscarnos al barco y llevarnos, después de visitar al Santísimo Sacramento, a casa de la señorita des Rochers, que le saluda a usted con toda humildad y me ha indicado la pena que sentía por no haber tenido respuesta de las dos cartas que tuvo el honor de enviarle a usted desde que falleció su esposo, que era muy amado y apreciado en esta ciudad.

Ya le indiqué las dificultades que había para pedir al señor de Jonchères para director de nuestras hermanas; pero, si usted no dispone otra cosa, no veo más solución que elegir al que él indique y decirle que es eso lo que usted desea El no es como me habían dicho y no creo que su hermana haya podido estropear las cosas, ya que es muy celosa y razonable y hace mucho bien, no sólo en este hospital, sino en todas las casas piadosas donde es necesario.

Quiera Dios, mi veneradísimo padre, que yo tenga bastantes fuerzas y amor para reconocer la solicitud de la divina Providencia sobre nosotras. ¡Cómo cantaría entonces sus alabanzas! Siempre me quedaré corta y tendré que invitar a toda la corte celestial a darle a Dios toda la gloria posible, y a usted, mi veneradísimo padre, a quien nuestro buen Dios le hace conocer su conducta con nosotras, que supla nuestro defecto.

Esta santa Providencia, que conoce mis propósitos y resoluciones, ha permitido que hayamos encontrado enferma de la rodilla a la hermana que deseábamos traer para acá, para que traigamos a otra, que era preciso cambiar. Bendigamos siempre a Dios por sus misericordias. Yo lo haré especialmente para agradecer la gracia de ser su muy obediente hija y humilde servidora,

L. DE MARILLAC

Creo que bastará con quince días para dejar aquí resueltos nuestros asuntos.

11 agosto [1646].

Dirección: Al padre Vicente.

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