París, 4 de julio de 1646
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Le doy gracias a su divina bondad por haberle conservado en su viaje, lo mismo que al padre Noyelles, y que suplico con todo mi corazón que le siga protegiendo para su gloria.
He aquí las respuestas a lo que me pregunta en la suya:
1.° No hay que recibir a ningún seminarista hasta que el señor obispo de Saintes haya regresado, a no ser que le dé a conocer sus deseos por carta o de otra manera, como ha hecho por ejemplo con el que ahora se presenta, al cual podrá recibirlo usted, si es cierto que el padre Thibault ha recibido órdenes para ello, como él le asegura. Y no sólo en lo referente a los seminaristas, sino también en todos los demás ejercicios o funciones exteriores, haga el favor de acordarse de que no hay que emprender nada sin el parecer de dicho señor obispo y sin haberme escrito a mí de antemano.
2.° No es conveniente celebrar ninguna función pública en la iglesia parroquial, como predicar, tener la catequesis o escuchar confesiones.
3.° Apruebo plenamente la fundación de la conferencia de eclesiásticos externos, ya que prevé usted que será fácil de hacer; pero conviene que le escriba usted al señor obispo para obtener su consentimiento, ya que quizás le guste estar presente y empezarla personalmente.
4.° En adelante será mejor llevar por casa el bonete en vez del sombrero, para guardar la conformidad con los demás, ya que está usted alojado con ellos.
5.° Si usted cree que no es bastante darles cada semana a los pobres cinco sueldos, puede darles usted hasta dos sueldos por día, ya que no podría usted darles más, ni tanto como en Sedán.
6.° Por lo que se refiere a la lamparilla del sagrario, ¡Dios mío!, es menester tenerla siempre encendida; es necesario y tanto más puesto que el aceite está barato.
Le ruego a aquel que es la luz del mundo que ilumine cada vez más su querida alma para el gobierno y el progreso de aquellas que le envíe la divina Providencia.
El señor obispo me habló de usted uno de estos días, indicando que estaba muy satisfecho por saber que le había enviado a usted a Saintes, debido a lo bien que le habían hablado de usted. Estoy seguro de que encontrará siempre en él mucha bondad, mucha paciencia y mucha facilidad para tratar de los diversos asuntos.
Saludo muy humildemente a toda la compañía, a cuyos pies me postro en espíritu para besarlos e implorar la ayuda de sus oraciones por mí y por la compañía en general, que va cada vez mejor, gracias a nuestro Señor. En él le ofrezco a usted mi pobre corazón, que ama al suyo de una forma que no me es dado expresar y que me convierte para siempre, por su amor, en su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión
Dirección: Al padre Dufour, sacerdote, superior de la Misión de Saintes.







