29 de junio de 1646
Si lo que usted me dice sobre las noticias de la compañía se refiere únicamente a esas noticias, mi olvido ha sido el culpable de que no se las haya comunicado; le pido muy humildemente perdón. Pero si se refiere al gobierno de la misma compañía o de algunas personas particulares, no es conveniente que escriba sobre ello, por muchas razones. Por eso me parece que no es así como usted lo entiende. Esté seguro de que no hago nunca nada sin el parecer de los consultores que me ha dado la compañía, y sin encomendárselo al Señor.
He visto por sus cartas que, sin aguardar nuestras órdenes, ha aceptado usted la capilla de Plancoet, a pesar de la razones que le señalé para no hacerlo, y que eran muy importantes, sobre todo la de que, al estar ocupados en satisfacer a las devociones de esa santa capilla, dejamos de lado las intenciones que nuestro Señor tiene sobre nosotros de ir a buscar por los campos a las pobres almas que recibirían la gracia en sus casas, pero que no irán a recibirla fuera. Sé muy bien que tenía usted buenas razones para hacerlo, sobre todo la del cambio de aires pero hubiera sido mucho mejor comprar una casa bien aireada para ir a pasear allí una vez por semana, antes que comprometerse a una nueva fundación, en la que si sigue adelante, encontrará usted trabajos que no puede ni imaginarse; y si no se lleva a cabo, habrá motivos para murmurar de nosotros; o bien, habrá que emplear en ella todos los obreros que usted tiene y más todavía.
En nombre de Dios, padre, no apresuremos las cosas; vayamos con calma. Me acuerdo de que le escribí esto mismo en Troyes y que así me lo había prometido usted. Esté seguro de que no podrá usted presentar ninguna razón que yo no haya visto y a la que no sepa responder, antes de tomar una resolución….
En cuanto a la visita a las casas de la compañía, es una práctica de toda comunidad bien ordenada y de la misma Iglesia. Si entonces se dan normas o disposiciones, es para poner remedio a los defectos. El mejor medio para no obligar a un visitador a dar muchas normas, es obrar de manera que haya pocos defectos; en este sentido tiene usted razón el desear que se den pocas normas; yo soy de la misma opinión; y creo con usted que el visitador tiene que ser circunspecto en ordenar las cosas que se refieran a la iglesia y a las cosas de fuera, positis ponendis. El que ha sido encargado de hacer estas visitas tendrá la prudencia necesaria; como estoy seguro de que usted será fiel en hacer que se guarden su órdenes.







