Túnez, junio de 1646
Dos ingleses se han convertido a nuestra santa fe, dando un maravilloso ejemplo a todos los demás católicos. Hay un tercero, que no tiene más que once años, que es uno de los niños más guapos que puede verse y de los más fervorosos que puede desearse, y además muy devoto de la santísima Virgen, a la que invoca continuamente para que le alcance la gracia de morir antes que renegar u ofender a Jesucristo. Pues eso es lo que desea su amo, que no lo guarda más que para hacerle renegar de la fe cristiana, empleando toda clase de artimañas para ello. Si nos pudieran enviar doscientas piastras, lo apartaríamos de ese peligro y habría motivos para esperar que algún día, con la gracia de Dios, sería un segundo Beda, ya que tiene tanto espíritu y tanta virtud como raras veces se encuentran en un niño. Hizo profesión de fe católica el jueves de la semana santa de la última cuaresma y comulgó aquel mismo día; ahora sigue comulgando con frecuencia. Ha sido golpeado por dos veces con bastones para que reniegue de Jesucristo. La última vez le dijo a su amo, mientras le golpeaba: «Córtame el cuello, si quieres, pero soy cristiano y no seré nunca otra cosa«. Me ha confesado varias veces que está dispuesto a dejarse moler a golpes hasta morir, antes que renunciar a Jesucristo. Toda su vida es admirable en una edad tan joven y tan tierna. Puedo decir realmente que se trata de un pequeño templo en donde reposa el Espíritu Santo.







