París. 21 de mayo de 1646
Señor cardenal:
El señor gran maestre del colegio de Navarra me ha dicho que Su Eminencia había ordenado al señor Le Tellier que yo le escribiese si el señor de Douay, licenciado en teología, posee las cualidades necesarias para ser superior de los filósofos en dicho colegio. He aquí, señor cardenal, lo que he averiguado, tanto por medio del difunto superior como por medio de varios doctores dignos de fe. Todos dicen que es muy capaz, hombre de bien, experimentado en el ejercicio de este cargo, en el que el difunto superior lo había empleado desde hacía varios años, que sostiene las opiniones comunes y ordinarias de la Iglesia y que, en fin, la voz pública de dicho colegio es que este joven, sin contradicción alguna, es el más capaz de los que se consideran para ese cargo. Lo que confirma más aún esta opinión es que el difunto superior, que era un santo varón y que hizo maravillas en su cargo, vino a verme algunos días antes de morir y me rogó que intercediera ante Su Eminencia para que aceptase concederle a esta persona joven para que fuera su coadjutor, ya que lo juzgaba delante de Dios como el más capacitado para proseguir el orden y la disciplina que había conseguido en su cargo. Así pues, señor cardenal, le ruego a nuestro Señor que santifique a Su Eminencia y que lo conserve para la felicidad de este Estado, y soy su muy humilde y muy obediente servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno superior de la Misión







