Vicente de Paúl, Carta 0807: Luisa De Marillac A San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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Padre:

He aquí las dificultades que se me han ocurrido y que usted me había ordenado escribir. Me costaría mucho enviárselas, si no creyera que para nada perjudicarán a la ejecución de los planes de Dios en este asunto. Le ruego muy humildemente que me conceda el honor de hablar con usted lo antes que pueda a propósito de mi hijo. Lo creo necesario para que su caridad acuda a Dios para ayudarle en su necesidades, en la forma que usted sabe. Ha sido la Providencia la que le ha dado esta nueva preocupación, añadida a todos los favores que usted ha hecho y sigue haciendo a la que es, por su amor, su muy humilde hija y muy agradecida servidora.

L. DE MARILLAC

19 de agosto [de 1643, 1644 ó 1645]

Las dificultades para quedarnos en Bicetre son:

En primer lugar, la amplitud del edificio y la grandeza del lugar, que ni siquiera podrá llenarse la mitad en más de dos años.

Los grandes inconvenientes que surgen, incluso en París, cuando las casas han estado habitadas por personas de mala vida, son mucho más de temer en un sitio que desde hace muchos años ha sido el refugio de gente mala, dentro y fuera del castillo, de noche y de día.

El peligro que puede haber para las hermanas en el camino, ya que se ven obligadas a ir y venir con frecuencia a la ciudad.

La imposibilidad de llevar los niños en brazos y la mucha dificultad para llevarlos en animales, tanto por las tierras arcillosas y los malos caminos, como por las lluvias, las escarchas y las nieves.

Será necesario que haya muchas hermanas, tanto por los viajes que habrá que hacer, como por los niños y las necesidades de la casa; y no tenemos muchas preparadas para ello.

El peligro de que todos esos viajes que tienen que hacer las hermanas acaben en relajación ahora o más tarde.

Los muchos gastos que habrá que hacer, tanto para poner aquel sitio en disposición de ser habitado, como por las provisiones que habrán de ser más abundantes que en otros sitios; todo esto sube mucho.

La dificultad para que acudan las hermanas a las reuniones y para que puedan venir todos los meses a la casa; y también para las visitas a los niños.

Si se tratase de poner allí a todas las hermanas de la Caridad, me parece que sería con gran daño de toda la compañía, por las visitas necesarias de las hermanas que sirven a los pobres de París, de los ejercicios que se realizan en casa, tanto para el servicio a los pobres enfermos, como para las llagas e instrucción de la juventud, y sobre todo para la comunicación necesaria con los superiores y algunas veces con las damas de las parroquias.

Si a pesar de todas estas dificultades hay que ir, será necesario que, al menos durante este invierno, vivan allí dos hombres; que se celebre todos los días la misa en la capilla, donde podría hacerse una pila para bautizar a los niños; esto agotaría las cincuenta libras que nos han dado para ello. También sería menester disponer de algún carricoche con un caballo para llevar a los niños; y esto nos ayudaría mucho; podría llevarlo uno de los hombres. Entonces, habría que escoger bien a esos hombres, a causa de la comunicación con las nodrizas y las hermanas.

Dirección: Al padre Vicente.

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