Padre:
Ayer me olvidé de decirle que la señora Chanevas quiere que las hermanas de San Gervasio reciban los cinco sueldos que las damas encargadas de la comida de los pobres entregaban como salario a la mujer que la llevaba antes de que fuesen allá las hermanas y que ellas creen que un trozo de carne que ponen también en la olla para ella, es para nuestras hermanas, además de los dos panes que les dan, mientras que ahora se destina todo a los pobres, ya que la mencionada señora Chanevas toma de nuestras hermanas todo los días los cinco sueldos y da lo restante a los pobres. Esto les preocupa a las hermanas, ya que las damas les preguntan si les pagan y si a la señora Chanevas no le gusta que digan que ellas le entregan ese dinero. Le ruego, padre, muy humildemente que me diga lo que he de decirles, ya que la señora Chanevas me había prometido que no continuaría la cosa.
También me preocupa si hemos de retener a la hermana Jacqueline en Santiago o aquí; es la que estaba en Saint-Leu. Tendría que exponerle a usted las dificultades, pero no me atrevo a pedirle que me escuche, por miedo a que no pueda hacerlo; la cosa urge, y por eso necesito que su caridad se vuelva sobre mi miseria, ya que sólo puede ayudarme la guía de la voluntad de Dios, en la que soy, padre, su muy indigna hija y reconocida servidora.
L. DE M.
Le ruego muy humildemente que haga el favor de decirme si le ha enviado a mi hijo el dinero y si puedo ir a las Hijas de Dios esta mañana a un servicio por una tía suya a que me ha invitado la señora de Verthamon, en el caso de que pueda usar su carroza.
19 de julio [de 1645]
Dirección: Al Padre Vicente.







