Hay que procurar evitar el uso de esa práctica, de la que el espíritu maligno podría servirse para tentar a la persona viva, e incluso a la moribunda. El demonio hace dardos con cualquier madera para atacar a un alma en ese estado, y el vigor del espíritu puede mantenerse, aunque se debilite el del cuerpo. Acuérdese del ejemplo de ese santo que, estando enfermo, no quiso que lo tocara su mujer, después de haberse separado por mutuo consentimiento, diciendo que todavía se guardaba el fuego bajo las cenizas. Por lo
demás, si quiere usted conocer los síntomas de una próxima separación del alma y del cuerpo, pídale a algún cirujano o a alguna otra persona que esté presente que lo haga, ya que habría menos peligro que si lo hiciera usted mismo; o bien, infórmese de lo que piensa el médico; pero, pase lo que pase, no se ponga usted nunca a tocar ni a una joven ni a una mujer, con cualquier pretexto que sea.







