San Lázaro, París, 20 de abril de 1645.
Señores:
No he contestado a las últimas cartas que me han hecho el honor de escribirme, debido a la incertidumbre del resultado de sus asuntos; pero ahora que se han concluido por aquí con la satisfacción de todos ustedes, ya que la reina ha dispensado del impuesto sobre los transportes de Burdeos a las oficinas de su distrito por la sabia, inteligente y vigilante conducta del señor obispo de Dax, sólo me queda agradecerles el honor que en esto me han concedido ustedes y decirles que, aunque he intentado servirles según sus órdenes, lo he hecho [con poca] inteligencia, ya que no tenía suficiente influencia [para llevarlo a cabo], y que el mérito y la gratitud se le deben por completo a Dios, a la bondad de la reina y a la del mencionado señor obispo, que son los que lo han hecho todo.
Si se presenta alguna otra ocasión para hacerles cualquier otro servicio, procuraré hacerlo con todo el afecto y la diligencia que pueda, ya que soy, en el amor de nuestro Señor y de su santísima Madre, su muy humilde y muy obediente servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión







