Padre:
Me tomo la confianza de unir mis súplicas más humildes a las del Señor obispo de Angers a propósito de la desgracia que ha caído sobre su familia, pues, además de los deberes de la caridad común en semejantes ocasiones, estoy tan obligado con su persona, por la edificación que da y por el servicio que ha hecho a esta diócesis, que no podría sin mucha ingratitud dejar de darle este testimonio de mi gratitud; no porque crea que con mi recomendación pueda añadir nada a la caridad de usted en esta ocasión, sino para no omitir nada de lo que creo que es mi obligación.
Estoy preocupado por no saber si ha recibido usted mi respuesta a lo que me proponía la carta que hizo el honor de escribirme el pasado mes de julio, en la que no hacía más que someter por entero mi persona y mis esfuerzos a lo que usted juzgue que es la voluntad de Dios en esta ocasión, lo mismo que en todas las demás.
Para hacerle partícipe, en medio de sus muchas e importantes ocupaciones, de nuestras noticias, le diré que seguimos con nuestras reuniones de los sacerdotes de la diócesis y de otras diócesis cercanas que lo solicitan. Actualmente tengo una de treinta sacerdotes, que hacen los ejercicios espirituales en el obispado durante quince días con mucho fruto y edificación, mientras que algunos sacerdotes de la familia recorren las parroquias de la diócesis para reconocer en qué estado se encuentran desde la visita que les hicimos el año pasado y si se guarda lo que les ordenamos. Imploro sobre este pequeño trabajo y sobre los demás menudos proyectos que tenemos la ayuda de sus santas oraciones, ya que no puedo esperar, sin molestarle demasiado, la de sus consejos. Su caridad no le negará esta gracia a aquél que, a pesar de todo, sigue siendo siempre, en el amor del Salvador y de su santa Madre, su muy humilde y muy obediente servidor.
NICOLAS o[bispo] de Alet.
Alet, 18 de noviembre de 1644
Dirección: Al padre Vicente, superior general de la congregación de sacerdotes de la Misión, en San Lázaro. París.







