Mercues, 29 de junio de 1644.
Padre:
No sé cómo habrá podido correr por París el rumor de que yo había muerto, a pesar de que hice durante toda esta primavera mi visita con perfecta salud, excepto cuatro o cinco días que me vi algo molesto por la poca ventilación de la casa en donde estábamos alojados.
Temo que hago ya demasiado eso que usted me aconseja, y me gustaría mucho que usted quisiera cumplir todos esos consejos que me da sobre este tema.
El decreto que usted nos ha conseguido para que se establezca la reforma de Chancelade en la abadía de Foix es un efecto del cariño que usted nos tiene, por lo que le doy mil gracias, rogándole que siga dispensándonos su asistencia en este asunto. Los antiguos religiosos se han opuesto a que entren los nuestros, pero el señor arzobispo de Toulouse los estableció allí, a pesar de su oposición… Mi vicario general, que estaba en Foix cuando se hizo este establecimiento y que sigue todavía en Toulouse, me ha escrito que hará llegar a París la orden del señor arzobispo, para hacer que lo confirme un decreto de consejo, etc.
Soy, padre…
ALAIN ob. de Cahors.







