[Mayo o junio de 1644]
Los dos misioneros que usted me ha hecho el honor de enviarme, para las órdenes de Pentecostés, son sacerdotes muy honestos, prudentes, capaces, esmerados y celosos; por eso han conseguido, gracias a Dios, mucho fruto, por lo que yo me siento sumamente agradecido a usted con toda mi diócesis, a la que encuentro tan inclinada hacia el bien; pero necesitamos la asistencia que yo espero de su caridad, que es tan general y tan grande que no se la niega usted a nadie.







