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Nuestra compañía ha creído que no debería retrasar por más tiempo su obligación de testimoniarle que no se reconoce digna del honor que usted le otorga al interesarse tanto en su progreso y perfección. Le suplica, padre, con toda humildad que le permita reconocerle como a su abuelo, ya que ha sido de uno de sus hijos de quien se ha servido Dios para que nazca, y rogarle que añada una nueva obligación a la primera: la de considerarla, no como a una extraña, sino como a SU nieta, haciendo que esa ilustre y bella compañía de París, que es como su hija mayor, no se desdeñe de considerarla como a hermana, aunque sea inferior a ella en todos los sentidos.







