1644.
Ruego a Dios que prolongue sus días y sus años para su gloria y para bien del prójimo, por el que usted trabaja incesantemente. Le presento ahora un asunto digno de su caridad: se trata de una carta del príncipe de Talmond, que ha sido educado hasta el presente en la falsa religión calvinista y se ha dirigido a mí para convertirse; pero no encontrándome con facultades para esta buena obra, me he tomado el atrevimiento de dirigírselo a usted como una persona a la que Dios le ha concedido gracias muy especiales y muy grandes para su gloria y para la salvación de los pecadores y de los desviados. Tenga pues, mi veneradísimo padre en nuestro Señor, la caridad de acogerle y abrazarle como a una pobre oveja descarriada que busca dónde acogerse para salvarse de las fauces del lobo.







