[Enero o febrero de 1644]
Dentro de unos momentos tomaré el caballo para llevar, a sus misioneros que trabajan en Blanzac, los dineros que usted me ha enviado para sus necesidades. Permítame que me muestre importuno y le reitere mis humildes súplicas en favor de esta pobre y desolada diócesis, que le pide obreros estables para socorrerla en sus necesidades espirituales, que son de suma gravedad, y que no serían irremediables si hubiera aquí personas con tanto celo y con una caridad tan desinteresada como los de esa casa de San Lázaro, que se cuidasen de ella. Sé muy bien, padre, que la Providencia podrá servirse de otros mil medios, cuando le plazca; pero está claro que ha puesto sus ojos sobre usted y le ha escogido entre otros muchos miles para socorrer no solamente a las pobres diócesis de este reino, sino principalmente a las que parecen estar casi abandonadas por todo el mundo.







