Vicente de Paúl, Carta 0723: Al Mismo

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CREDITS
Author: Vicente de Paúl .
Estimated Reading Time:
[Entre 1643 y 1652]

Le suplico humildemente, señor obispo, que me soporte una vez más, si me atrevo a proponerle un arreglo. Sé muy bien que no duda usted de que es el afecto de mi pobre corazón y el deseo de servirle el que así me lo hace esperar; pero podría ver mal usted que, dada mi escasa inteligencia y a pesar de saber que no aceptó usted la primera propuesta que le hice, me atreva a hacerle una más. No lo hago esta vez por mí mismo, sino por orden de su señor abogado relator, al que he ido a ver hace dos días, para encomendarle su asunto y declararle el cuidado admirable que tiene Dios de usted y, por medio de usted, de su diócesis. Entonces él me respondió que era su humilde servidor y una de las personas del mundo que más le estima y venera, y que con ese espíritu me rogaba que le indicase a usted que, si tiene confianza en él, salga amigablemente de todas estas diferencias. Me ha indicado varias razones para ello y entre otras que es conveniente para un prelado tan ilustre como usted terminar los asuntos por este camino, sobre todo cuando se trata de su clero, en donde los ánimos están siempre preparados para la revuelta y con deseos de amargarle toda la vida. Y como sabe lo que pasa en el Consejo, tiene miedo de que hagan algunas averiguaciones, ya que muchos de quienes lo componen al desconocer la vida santa que usted lleva y las rectas intenciones que le hacen obrar de esta forma, podrían pensar que hay algo en contra de la paciencia y de la mansedumbre convenientes a la dignidad de usted.

Le suplico muy humildemente, señor, obispo, que perdone mi atrevimiento y que no considere lo que le he dicho como si viniera de mí, sino más bien de su abogado relator, que es uno de los mas sabios de este siglo y de los mejores del mundo. Le ruego a Dios que tenga a bien devolver la paz a su Iglesia y la tranquilidad a su espíritu. Ya sabe cuánto poder tiene usted sobre mí y el afecto especial que Dios me ha dado por servirle; así pues, si usted me juzga digno de contribuir en algo al mismo, ya sabe su divina bondad que trabajaré en ello con todo mi corazón.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *