París, 6 de noviembre de 1643.
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Recibí y extravié su última carta, que me llegó hace tres días y que me dio motivos para darle gracias a Dios por la bendición que le da a sus retiros, y para rogarle que les conceda a todos la gracia de ser fieles a los propósitos que tomen.
No me acuerdo de lo que usted me decía, a no ser de que no cree usted que la parroquia que le ofrecen sea asunto suyo. Ya le he dicho varias veces que tomase usted la casa de dos mil libras.
Ayer firmamos la fundación que hace la señora duquesa de Aiguillon, y hoy tienen que decidir en juicio si nos quitarán esto y las demás fundaciones, ante la instancia que ha presentado el señor duque de Bellegarde para que el rey le devuelva los coches de Francia, que él sostiene que le pertenecen. Ayer le escribí a la reina. Ya veremos.
El señor de Saint-Chamont, que va de embajador a Roma, nos ha hecho el honor de venir a vernos y a ofrecernos su benevolencia y su protección. Procure ir a verlo cuando llegue a Roma, que no será muy pronto.
El señor cardenal Grimaldi volverá pronto a Roma. Será conveniente que también lo visite.
En cuanto a la residencia del superior general, hay muchas cosas que decir sobre el lugar en que usted escribe que sería conveniente que estuviera. Ya veremos.
Espero que me darán ocasión para ir a verle pronto, Si Dios quiere soportarme en la tierra. Entonces hablaremos largo y tendido.
No hay que pensar por ahora en la unión de San Ivo. Hay miedo de que esto origine cierto malestar entre la santa congregación del Or[atorio] y nuestra pobre compañía.
Nada le digo del obispado de Babilonia. El señor que me hablaba con frecuencia de ello, ya no dice una sola palabra.
No hay que perder la paciencia esperando la solicitud ni la unión del priorato de Dyé, que nos ofrece el buen señor de Saint-Aignan. Todas las cosas tienen su tiempo oportuno, y nada se puede hacer ni antes ni después. Los padres jesuitas, a pesar de la dificultad que por ahí ponen a las uniones, no dejan de intentar buscarlas por aquí.
Cree usted que habrá muchas dificultades en la aprobación de nuestras reglas, si se las enviamos?
No sé de dónde proviene el impulso que siento de aconsejarle que haga profesión, como yo procuro hacerla, de no meterse en intrigas ni ajetreos de cosas temporales exteriores. ¡Qué ejemplo de ello nos ha dejado nuestro Señor! Renuncio para la compañía a cualquier trabajo que no sea en las cosas eclesiásticas y religiosas. Ayúdeme, padre, con sus oraciones para ello y para que alcance de Dios que no permita que yo haga cosa alguna que no sea por él y según su santa voluntad. Le ruego a cada uno de los que forman esa pequeña comunidad que visiten una vez las siete iglesias para que quiera la misericordia de Dios perdonarme las abominaciones de mi vida pasada y de la presente y que conceda la gracia que acabo de suplicarle que pida para mí, que soy, en el amor de nuestro Señor, saludando a toda esa pequeña compañía postrado en espíritu a los pies de todos, su muy humilde y obediente servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión
Dirección: Al padre Codoing, superior de los sacerdotes de la Misión de Roma, en Roma.







