Sedán, 1643
Le diré, padre, que desde que Dios quiso formar la pequeña compañía de la Misión, no ha trabajado nunca con tanta utilidad y necesidad como aquí lo hace. Los herejes siguen edificándose y acudiendo a las predicaciones, que alaban mucho. Y en relación con los católicos, hay que trabajar con ellos como se haría con personas totalmente nuevas; pues, desde que hace cuatro o cinco años quedó libre de predicación en esta ciudad, casi no se ha hablado más que de controversias y muy poco de las prácticas y de los ejercicios de religión y de piedad. Ha habido muchos que han confesado francamente que no creían que fuera necesario confesar todos los pecados Estos mismos abusos se cometían en el uso de la sagrada comunión etc.; de forma que hubo que empezar por instruirles en los primeros principios de la religión. Es cierto que no ha sido sin mucho consuelo, al ver el gusto con que todos escuchaban lo que se les decía y lo practicaban con fidelidad. No podrían admirar bastante la gracia que Dios les ha concedido, ni saben hacer para agradecérselo como a ellos les gustaría.







