Padre:
Acaba de marcharse la señora Pelletier que ha venido a decirme que el señor abad de Buzay acaba de ser nombrado coadjutor del señor arzobispo y que enseguida ha pensado en mi hijo y, sin decir me nada, ha hablado con el reverendo padre Manuel, que le ha mandado a preguntar si quería que lo propusiese para servir a dicho señor Buzay, no sé si como capellán o en algún otro cargo que le fuera mejor. Pues bien, como yo no he intervenido para nada en esto, he creído, padre, que no tenía que dejar pasar la ocasión para preguntarle cómo he de portarme en este caso, y si usted cree posible la cosa, le ruego muy humildemente que haga el favor de ayudarnos. Creo que si mi hijo tuviera alguna distracción en la melancolía que, según creo, es la causa de sus preocupaciones, seguramente éstas se disiparían. Siempre he creído que él tiene temor de Dios y deseos de cumplir fielmente con lo que se le encomiende. Si quiere [usted] recibirme para que le hable de este asunto, haga el favor de indicármelo y de creer, padre, que soy su obligada hija y servidora.
L. DE M.
Dirección: Al padre Vicente.
8 de junio de [1643]







