Mi queridísima madre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Desde ayer por la mañana no he oído hablar de esa muchacha. Estoy preocupado por sus hermanas y le ruego a nuestro Señor que sea él su consuelo. El sábado tengo que celebrar la misa en Nuestra Señora de París y darles la comunión a las damas de la Caridad de Lorena; si antes o después de ello se propone usted hacer ese viaje, iré por allí, si Dios quiere.
Le envío la carta de la señora de Villeneuve y soy, en el amor de nuestro Señor, mi queridísima madre, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL







