10 de marzo de 1643.
Le da detalles interesantes sobre los asuntos generales de la congregación en diferentes ciudades y sobre las galeras y el éxito de los estudios en los seminarios. Le envía la ratificación de la fundación del comendador de Ginebra con todas las recomendaciones posibles:
«¡Ay, padre! ¡Cuánto me consuela que nuestro Señor haya escogido a dos comendadores de Malta para el bien de la diócesis de Ginebra! Le pido a nuestro Señor que santifique cada vez más a esa orden y al alma de ese señor, y que glorifique cada vez más a la del señor comendador de Sillery. Le ruego, padre, que le pida a dicho señor permiso para besarle la mano de parte de nuestra pequeña comunidad y especialmente de parte mía».







