Padre:
Ya he sabido lo que me había prometido decirme el señor Compaing y estoy por ello tan afligida como no puede usted imaginarse. Por eso le suplico, por amor de Dios, que haga usted el favor de escucharme hoy mismo, si es posible aquí, y si no, le iría a ver. Creo que ya va siendo hora de poner algún remedio a este mal, que es peor y más grande de lo que usted podría pensar. Hay motivos para desear con gran ilusión que Dios me conceda e inspire la caridad de usted, para sacar su gloria de tan gran mal. Me parece que estoy en buenas disposiciones para someterme a todo, pero tengo miedo de la eternidad. En nombre de Dios, considere este asunto como uno de máxima importancia y hágame el favor de considerarme siempre su muy obediente hija y muy obligada servidora.
L. DE M.
Dirección: Para entregar personalmente al padre Vicente.







