Padre:
Creo que ha surgido algo imprevisto, ya que la señora de Lamoignon no me ha mandado su carroza; por eso le ruego muy humildemente que no hable de la duda de lo que le entregué a las hermanas cuando partieron, ya que siempre he tenido la idea de que sólo les entregué cincuenta escudos, y no se me ha ocurrido otra cosa más que cuando me dijeron que ellas no estaban seguras. Le ruego con toda humildad que tenga solamente esto en cuenta. Era mi intención decírselo a usted delante de las damas, tal como es mi obligación, y considerarme, padre, su muy humilde e indigna hija y servidora.
L. DE M.
Dirección: Al padre Vicente.







