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Toda la corporación de la ciudad de Saint-Mihiel y cada uno de sus miembros en particular le dan un millón de gracias por los cuidados y preocupaciones que ha querido usted aceptar para su alivio, tanto con la distribución de limosnas y la asistencia a los pobres enfermos y necesitados, como por haberles librado de una parte de la carga de nuestra guarnición. Le suplicamos muy humildemente que nos siga protegiendo y dándonos sus limosnas, de las que tiene más necesidad que nunca esta pobre y desolada ciudad. Por este medio seguramente viven en la actualidad una infinidad de personas que hubieran muerto sin él, y si se les retira o se les acorta esta ayuda necesariamente morirán de hambre gran parte de los habitantes, o irán a otra parte buscando recursos. Todo esto sin hablar de lo que ha mandado distribuir entre los conventos, con lo que han podido subsistir en parte, y de su asistencia a otras personas vergonzantes, algunas de buena posición, que han recibido de sus sacerdotes atención en sus enfermedades y necesidades. Nunca podremos alabar bastante las muchas preocupaciones y el trabajo que usted se ha tomado, ni pedirle con suficiente insistencia que continúe concediendo su favor a tantos enfermos y necesitados, aparte de la gloria y el mérito que alcanzará usted delante de Dios.







