Vicente de Paúl, Carta 0658: Bernardo Codoing, Superior De Roma, A San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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Roma, 1 642.

Hemos tenido una misión en un lugar, cuyo nombre ocultaremos, que es una aldea amurallada, compuesta de tres mil almas más o menos, en el camino de Roma a Nápoles. Durante el mes que duró la misión, hemos encontrado miserias y desórdenes espantosos. La mayor parte de los hombres y de las mujeres no sabían ni el padrenuestro ni el credo, y mucho menos las demás cosas necesarias para la salvación; había muchísimas enemistades inveteradas; eran comunes las blasfemias, unas blasfemias que daba horror; muchas personas de todas las condiciones vivían en concubinato; había varias mujeres públicas y viciosas que corrompían a la juventud. Con todo esto hemos encontrado muchas oposiciones y resistencias, y el espíritu maligno nos ha presentado violentos ataques por parte de aquellos mismos que más nos deberían haber apoyado. En fin, esta misión ha constituido un sufrimiento casi continuo para nosotros, no había humildad que pudiese conquistar los corazones de aquella gente, pues se creían que perderían su honor al dejarse instruir y convertir, y no había manera de lograr hacer las paces con ellos más que dejando de predicar y de confesar. Sin embargo, después de quince días de paciencia y de perseverancia en nuestros ejercicios y en las funciones ordinarias en las misiones, esos pueblos empezaron a abrir los ojos y a conocer sus desórdenes; y al final, la gracia de Dios ha producido allí grandes frutos. Ha habido gran número de reconciliaciones, se han apagado las enemistades y han cesado las blasfemias. Se han convertido cuatro mujeres viciosas; y entre los que vivían en concubinato, uno de los más obstinados, que vivía desde hacía doce años en adulterio público y causaba grandes desórdenes en su familia y escandalizaba a todo el pueblo, se ha convertido, ha dejado su pecado y ha roto con la ocasión. Otro gran fruto, entre todos los demás que se recogen ordinariamente en las misiones, es el haberles hecho romper con un pecado abominable que no se puede nombrar, al cual estaban extraordinariamente acostumbrados.

Se tuvo la comunión general con grandes disposiciones, y todos se han quedado muy impresionados al oír los llantos y los gemidos y al ver las lágrimas de las almas convertidas. En fin, a pesar de todos los esfuerzos del espíritu maligno, esta misión se ha concluido con una gran bendición.

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