Martes, a la una. [Septiembre de 1642]
Me parece, señorita, que no conviene que pierda usted la ocasión de tomar las aguas que llegarán pasado mañana. Si dice que podrá tomarlas en Liancourt, ¿podrá hacerlo últimamente mientras va a visitar las Caridades de esas aldeas, tal como se lo indica la señora? Puede usted marchar luego, a no ser que crea usted conveniente ir a tomar las aguas, con la condición de que nadie le hable de otros asuntos.
No es oportuno que deje ir a esa buena hermana a hablar con el padre Thibault, que está preparando su salida, ni tampoco que la echemos por cierta razón que le diré uno de estos días.







