París 6 de septiembre de 1642.
Padre:
Recibí la suya y la que escribió usted al padre Thibault, por las que le doy muy humildemente las gracias; también le doy gracias a Dios por esa práctica de visitar a cada uno en su habitación todas las semanas, y por lo demás. ¡Ay, padre! ¡Cuánto me consuela esto! Haga el favor de continuar de ese modo; y antes de introducir cualquier costumbre de cierta consideración, le ruego que me pase aviso, según la orden que acabo de darle a uno de la compañía, que ha tenido que cambiar algunas cosas en la costumbre de visitar la iglesia. No puedo menos de repetirle una vez más que me siento muy consolado por esa práctica de que usted me habla.
Me extraña muchísimo lo que usted me dice del padre T[hibault]. Ayer por la mañana estuvo insistiéndome para que le dejase hacer un viaje a Luçon No sé qué ocupación darle. No tiene espíritu de obediencia ni de gobierno, a pesar de que tiene una pasión por gobernar que no puede imaginarse. Ayer por la noche! durante el tiempo de silencio, se me quejaba de que no le daba ningún cargo; le dije que esta disposición de espíritu me daba miedo, que solamente el espíritu maligno le podía sugerir esta idea, que esto era contrario a los demás de la compañía, ya que todos los que tienen cargos están pidiendo que les libremos de ellos, y que me cuesta mucho trabajo encontrar entre los otros a alguien que acepte ser superior en algunas ocasiones. Siendo esto así, me parece que seguirá el camino del padre N. que se ha salido finalmente de la compañía, así como algunos otros que usted no conoce, dos de los cuales están ahora insistiendo para volver a entrar; pero no es conveniente; uno solo ha estropeado a tres o cuatro. Lo que más me consuela es que muy difícilmente podrá un espíritu orgulloso permanecer en la compañía. Son notables las faltas que ha cometido el padre T[hibault], de quien estamos hablando.
Procuraré enviarle cuanto antes la lámina de que me habla. Dígame, se lo suplico, si es que no tiene usted bastante confianza en que Dios bendiga los trabajos de ustedes tres, hasta tanto que le enviemos ayuda. Le ruego que no se comprometa usted con lugares importantes y que abrace de mi parte al buen padre Le Boysne y al padre Bonaflos, a quienes abrazo, postrado en espíritu a sus pies, y soy…
Dios bendice la misión de Roma. Empiezan a atender a algunos ordenandos que reciben órdenes extra tempora.







