París, 27 de julio de 1642.
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Acabo de recibir, hace sólo una hora, su carta desde Nevers, que me ha alegrado mucho, al ver que se encuentra usted mejor, pero llenándome de pena por no saber qué decirle sobre la propuesta que usted me hace el honor de presentarme sobre ese cambio de residencia, ya que no me acuerdo de los pros y los contras que había en cada caso. Por eso le ruego a Dios que le dé a conocer él mismo el lugar adonde le ha llamado desde toda la eternidad. Así espero que lo haga su bondad, como se lo pido con todo mi corazón, y me propongo ofrecer el santo sacrificio por esa intención algún día de esta semana, que espero sea el jueves próximo, con la ayuda de Dios, en cuyo amor soy su muy humilde y muy obediente servidor.
VICENTE DEPAUL







