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Los frutos que han obtenido todos los que practican en casa de ustedes los ejercicios del retiro espiritual derraman tal olor en todos los lugares por donde pasan, que hacen nacer en el espíritu de muchos el deseo de acudir también a recogerlos del mismo árbol. Así pues, al haber visto a uno de mis parientes cercanos con esa buena voluntad, he creído que no puedo hacer por él nada mejor que suplicarle a usted muy humildemente que acepte recibirlo para que haga en su casa los ejercicios espirituales, de los que espera recibir luz y gracia para poder gobernarse el resto de su vida.







