Vicente de Paúl, Carta 0578: A La Madre De La Trinidad

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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París, 5 de noviembre de 1641.

Mi queridísima y dignísima madre:

¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

Recibí la suya con un respeto y un cariño que no me es posible describir, y siempre con el espíritu de gratitud por todas las obligaciones que con usted tenemos contraídas. Y para darle cuenta del asunto que usted me ha concedido el honor de consultarme, le diré que inmediatamente después de haber recibido la suya, le escribí a nuestra madre del arrabal, donde estaba nuestra digna madre y dos días antes la superiora de Rouen, a quien yo creía todavía allí y le rogaba que hablase con nuestra digna madre del asunto que le indicaba, y acababa mi carta diciéndole que en el reino de la caridad se prefiere sufrir cualquier molestia antes que molestar al prójimo. Entonces ella me contestó que nuestra digna madre le había aconsejado a la reverenda madre superiora de Rouen que olvidase esas discrepancias con sus amigos y que la superiora de Rouen así se lo había prometido, marchándose con este propósito; me dijo también que esa buena madre le había dicho que las reverendas madres carmelitas veían sus habitaciones y sus jardines, lo mismo que ellas veían las de las carmelitas y que estaba dispuesta a darle a usted todas las satisfacciones posibles, que realmente es usted su buena madre, y que le escribiría a usted.

Esto es, mi querida madre, lo que ha pasado. Quiera Dios hacerme digno de hacer algún servicio de mayor importancia que éste a su santa Orden. Su bondad sabe el afecto que le tengo y la reverencia que me ha dado para con mi querida madre, a quien quiero incomparablemente y a quien me gustaría volver a ver por aquí, si no temiera can ello desear algo en contra de la voluntad de Dios que le dirige con su providencia especialísima. Lo que me hace moderar el deseo tan sensible que tenía de ello fue un lectura que se hizo estos últimos días en nuestro refectorio, en donde se refería que un padre jesuita español, tras haber llegado a la vejez en medio de grandes y señalados servicios que le había hecho a Dios en las Indias, pidió a sus superiores que le permitieran volver a su país para morir y no hacer allí otra cosa más que prepararse para una buena muerte. Como se lo concedieran, volvió a su país y estando un día en oración a los pies del crucifijo se sintió reprendido interiormente con mucha dureza por haber abandonado a aquella nueva Iglesia que había ayudado a fundar, de forma que no volvió a descansar hasta que, después de muchas insistencias, los superiores le permitieron finalmente volver a las Indias. Vuelto allí, empezó a trabajar de nuevo con todo el ardor que sus años le permitían, y murió como había vivido, en olor de santidad. Esto ha sido, mi querida madre, lo que me ha hecho ofrecerle a Dios la disposición de su persona para ir a cualquier sitio en la forma que lo crea más conveniente para su gloria.

Nos han dicho que está enfermo el buen señor obispo de Troyes ¡Dios mío! ¡Cuánto me ha impresionado esto! Le pido a nuestro Señor de todo corazón que conserve a ese santo prelado y que lo santifique cada vez más. Lo mismo le pido para usted, mi queridísima madre, recomendándole que pida por este pobre miserable, el mayor de todos los pecadores. Acuérdese también de esta pobre y pequeña compañía. Soy, en el amor de nuestro Señor y de su santa Madre, su muy humilde y obediente servidor.

VICENTE DEPAUL

Indigno sacerdote de la Misión

Dirección: A mi querida madre de la Trinidad, superiora de las Carmelitas de la ciudad de Troyes, en Troyes.

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