Vicente de Paúl, Carta 0570: Nicolas Pavillon, Obispo De Alet, A San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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Alet, 20 de octubre [de 1641]

Padre:

Empezaré contestándole a la carta que me ha hecho usted el honor de escribirme, con fecha de 9 de septiembre, suplicándole muy humildemente que no emplee conmigo ninguna clase de excusa por no darnos con más frecuencia noticias suyas, como sería nuestro deseo, ya que estoy de sobra convencido de que esta privación, que tanto sentimos, nunca se deberá a falta alguna de su caridad para con nosotros, sino más bien a su escaso tiempo y a que yo me be hecho indigno de ello en el pasado; esto me obliga a pedirle muy humildemente perdón por esa infinidad de faltas que he cometido contra usted, y a suplicarle que me ayude con sus santas oraciones en mis propósitos de enmendarme.

Tengo que agradecer mucho la caridad de todas esas personas que le han hablado bien de mí, y especialmente la de monseñor de Bourlemont y la del padre Perrochel, pero puedo asegurale que, por mis miserias y mi inutilidad, soy más digno de compasión que de envidia. A pesar de todo espero que la bondad divina, teniendo más en cuenta su amor que mis ofensas, me concederá su misericordia, si usted se digna de vez en cuando acordarse de mí y reclamarla en mi favor.

Mi primo Bourdin no me ha hablado aún de su proyectado retiro, pero he creído que era mi obligación no empezar la conversación, sino esperar a que él lo propusiese, para dejar este asunto totalmente en sus manos, ya que, después de todo, ¿quién soy yo para oponerme a que se libre de una cautividad tan larga y de tantas molestias como le he dado ocasión de sufrir conmigo?

Tengo que darle muchas gracias por haberse acordado del asunto de mi padre y haber hablado de él con la señora duquesa. Espero que, si Dios no le concede que pueda recibir los efectos de esta recomendación, le dará al menos la fuerza de sufrir y de usar bien esa pérdida. Sin embargo, esto me da todavía más confianza para recurrir a ese mismo crédito que tiene usted ante ella para un asunto relativo a esta pobre y miserable diócesis. He sabido que el señor mariscal de Brezé viene a Cataluña como virrey. Desearía que, como tendremos el honor de ser vecinos, gozásemos también de esas ventajas, y que se dejasen libres de soldados los lugares que pertenecen a este obispado, lo cual se podría conseguir con alguna carta de recomendación dirigida al mismo, que nos podría dar la señora duquesa para que se la entregáramos, ya que puedo asegurarle que estamoS en peligro, si no sentimos los efectos de la protección divina, de vernos pronto reducidos a la mendicidad, tal como al parecer marchan los asuntos de este país, lo cual me obliga a solicitar su intercesión.

Si no tuviera miedo de resultar demasiado importuno, le recordaría a usted las esperanzas que me dio, hace algún tiempo, de que hablaría con Su Eminencia de nuestra necesidad, cuando tuviera ocasión de verle, para que limitase nuestros impuestos, que, según veo, son los más altos de toda la provincia, ya que nos han puesto mil escudos, y el señor obispo de Narbona, que tiene cinco o seis veces más de rentas en su obispado, solo tiene que pagar dos mil. Fíjese en la proporción, y precisamente en un tiempo en que esta diócesis es la más afligida y miserable no sólo de la provincia, sino de toda Francia. ¡Dios sea siempre bendito, ya que nos da y nos quita cómo y cuando le place!

Ciertamente estimo mucho a esos padres Blatiron y Lucas, cuya caridad experimento en la paciencia que tienen con mis debilidades. Le pido a nuestro Señor que sea él su recompensa. No le digo a usted nada de lo que a ellos se refiere, ya que ellos mismos se han encargado de escribirle, a no ser que obran según la medida de la gracia de Dios y los diversos caminos por los que les conduce de su mano hacia la perfección de su estado. No soy capaz de expresarle lo muy agradecido que le quedo por querer añadir a ellos algunos otros de los que está usted preparando, con la suficiencia y la virtud que se requiere para trabajar en este campo. Estoy buscando algún lugar cómodo donde puedan vivir y, cuando lo tenga preparado, se lo indicaré para que los haga venir.

La suma ignorancia de los que pretenden recibir órdenes sagradas y la poca esperanza que nos dan de que puedan adquirir mayor cultura en el futuro me ha obligado a hacerlos venir a Alet y tenerlos aquí todo el tiempo necesario para enseñarles lo poco que se requiere para que puedan ser ordenados. En esta ocupación empleo al padre Blatiron y a algún otro sacerdote que tenemos dispuesto a colaborar en este proyecto, que no es, por así decirlo, más que un pequeño ensayo, que encomiendo a sus santos sacrificios. Ya le daré más tarde cuenta del resultado.

Me parece que ya le dije que había puesto los ojos en la parroquia de Alet, con el plan de unirla, según sus indicaciones, a la Misión, cuando me sea posible. El mejor medio para conseguirla sería obtener el total consentimiento del arcediano. Pero, en virtud de un indulto, tiene derecho a ella el señor de Saint-Martin, aunque me ha dicho que siempre dispondría de ella en nuestro favor.

Además me ha escrito hace poco la carta que le acompaño, por la que me parece que pide alguna compensación. Bastará con que diga usted personalmente una palabra para que dé alguna explicación. Ya se le ha dado una pensión por parte del capellán del señor de Noyers y de…, que no tiene intención de abandonar sus pretendidos derechos más que con alguna compensación. Vea usted, padre, si acaso puedo dejar satisfechos a tantos individuos. Me temo que se haya visto incitado a hacer esta petición, no tanto por propia iniciativa como por la del señor Le Camus, según me dice. ¡Dios mío! Padre, perdóneme todas estas importunidades.

Bendigo a Dios con todo mi corazón por los progresos que ha tenido usted la bondad de comunicarme de su querida compañía y le ruego que me haga participante de los preciosos servicios que usted le hace para suplir mi negligencia quedando siempre en su amor su muy humilde y muy afectuoso servidor.

NICOLAS, OBISPO DE ALET

Dirección: Al padre Vicente, superior general de la congregación de los sacerdotes de la Misión, en San Lázaro.

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