9 octubre de 1641
Querida hermana:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Le pido perdón por mi culpa en no haberle escrito antes. No ha sido por falta de estima y de afecto. Dios sabe que la estimo todo cuanto puedo. En parte ha sido debido al ajetreo en que me encuentro. Además no tenía a mano su carta, ya que la señorita Le Gras la tuvo guardada bastante tiempo.
Siento ciertamente mucho consuelo por el bien que oigo hablar que usted hace y por la bendición que Dios le da en su cargo; se lo agradezco mucho. Quiera su divina bondad darle la gracia de conservar y acrecentar la unión entre nuestras hermanas, de animarlas al cumplimiento de las reglas, a la práctica de las virtudes, al amor a su vocación y finalmente a servir debidamente a nuestro Señor en la persona de los pobres. Para ello, querida hermana, tenga mucha confianza en él; pídale que haga él mismo las cosas, que esté siempre en su corazón, en sus palabras y en sus actos, para que todos conozcan que es usted su hija muy amada. Tal es la gracia que le pido para usted.
Soy, en él…







